" Hubo, hay y habrá unos pocos delincuentes en la Guardia Civil (lamentable, pero como en cualquier otro sector, es un hecho), pero sobre todo hay demasiados chulos.
La Guardia Civil y el Gobierno como chulería es el antiestilo de esa democracia que hay que cuidar como quien manitene vivo ese orden imprescindible del jardín frente a la invasión de ortigas y cizañas.
En el momento que más falta hacen unos cuantos estadistas, van y se multiplican los chulos.
Hay chulos de cacería, chulos de organización de eventos, chulos de actos protocolarios, chulos de cargo, chulos de ayudante de cargo, chulos de salón, chulos de bajos fondos, chulos con y sin corbata, chulos todos a fin de cuentas que, en última instancia, si algo son es conscientes de su propia chulería.
La chulería aparece en la literatura ya con el soldado fanfarrón romano. En España, asoma la picaresca, hace reir en el sainete y topa con el sarcasmo del esperpento, chulos goyescos y chulapos de zarzuela.
Un error común es circunscribir la identidad del chulo al perímetro histórcio de Madrid, desde los tipos con navaja que destriparon la caballeria de Murat el Dos de Mayo a los golfos, petimetres y chisgarabís de hoy, con o sin gomina.
Tampoco toda la astucia es patrimonio gallego, ni el quehacer industrioso es estrictamente catalán. Hay chulos en todas partes y cada vez más.
El más benévolo de los observadores ya ha tenido tiempo para considerar casos extremos de chulería en la política municipal, autonómica y nacional. Hay chulos políticos cuando menos falta haría, como chulos de AVE y de puente aéreo, de piscina y de gimnasio. Hay chulos de articulismo político, del gobierno y de la oposición; hay chulos de cocaína y chulos de púlpito; los hay en mandas chuleando por Internet.
Lo chulesco es el más puro comportamiento de una hipotética raza hispánica, de modo parecido a como un cráneo dolicocéfalo, la talla alta y el cabello rubio representaban la más alta concreción de la raza aria. Un cráneo dolicocéfalo contiene la conciencia fundamental; el chulo todavía encarna virtudes de lo imperecedero frente a las acechanzas de lo diverso y plural.
Figuras históricas como el General Narváez llevarán a perpetuidad su leyenda chulesca a cuestas. Ni el historiador Jesús Pabon logró que al gobernante eficaz, con gobiernos moderados, ni al hombre incluso clemente, dejase de cundirle tanto la leyenda de espadón con chulería atávica de cuerpo de guardia.
Un ejemplo: Narváez preside un Consejo de Ministros - todos moderados -, uno de los asistentes se resiste a una de las disposiciones que se proponen y dice " antes me dejaría cortar una mano". Según la leyenda, Narváez responde: "Usted no se cortará ninguna de las manos. Con la derecha firmará la disposición, con la izquierda, me tocará usted los pelendengues".
Mitos y reeencarnaciones de la chulería."
Richi
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änimo compañero, todo lo que haces lo haces y bien por mucha gente. saludos
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